¿Es un buen plan ponerse a plan antes de nuestra boda?

Llevar una dieta saludable y hacer ejercicio moderado es una de las mejores rutinas que podemos incorporar a nuestra vida diaria, así que tomar esta decisión, sea el momento que sea, resultará siempre una idea estupenda. Incluso, ocurre muchas veces que nuestra boda se convierte en un incentivo muy potente para comenzar a llevar una […]

Llevar una dieta saludable y hacer ejercicio moderado es una de las mejores rutinas que podemos incorporar a nuestra vida diaria, así que tomar esta decisión, sea el momento que sea, resultará siempre una idea estupenda. Incluso, ocurre muchas veces que nuestra boda se convierte en un incentivo muy potente para comenzar a llevar una vida más sana. Sin embargo, hacer una dieta muy estricta o imponernos un entrenamiento demasiado severo antes de la celebración, no es nada recomendable. Te explicamos por qué.

Comer sano y hacer deporte deben ser para nosotros opción de vida y no una moda pasajera de unos cuantos meses: uno debe concienciarse de que las dietas, aunque estén pensadas para adelgazar antes de una temporada del año o de un evento –como en este caso- no son remedio de nada. Es posible que podamos “entrar” en un vestido una talla más pequeña que la nuestra, pero pasada la boda, recuperaremos los kilos perdidos -incluso los aumentaremos- generando en nosotros una gran frustración. Y éste sería el mejor de los casos, porque también es posible que no logremos alcanzar la meta fijada para nuestra boda, que el vestido no nos sirva y no haya tiempo para arreglos. Habremos convertido nuestro día especial en una pesadilla. Así, la idea de cualquier dieta saludable no es sentirnos bien porque pesamos menos, sino porque llevamos una vida mucho más beneficiosa para nosotros que repercutirá en todos los ámbitos de nuestra vida.

Una vez tenemos este asunto claro, lo ideal es que nos decidamos por un vestido que nos haga sentir guapas, no obesas; y que el look que elijamos para ese día nos haga sentir cómodas con nosotras mismas. Decantarte por un vestido demasiado pequeño añade un estrés innecesario que desde luego no nos ayudará en nada. Más aún si vamos súper apretadas: tendremos contraído el diafragma y los pulmones, no podremos respirar bien y además de la angustia, esto generará mucha tensión en hombros y espalda.

Al fin y al cabo, recuerda que la gente que te acompañará ese día es el grupo de personas que más te conocen y cuya opinión es la única que deberías tener en cuenta: ellos saben cómo eres y te quieren precisamente por eso.

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