¡Oh, no! ¡Me toca leer! – Algunas ideas para leer (y quedar bien) en una boda

Qué curioso es el ser humano: de todas las fobias que lo atormentan, la que ocupa el número uno en el ranking mundial no es el miedo a la muerte -que está en segundo lugar- sino ¡hablar o leer en público! Tanto da si es una gran aglomeración de gente o una sala pequeñita con […]

Qué curioso es el ser humano: de todas las fobias que lo atormentan, la que ocupa el número uno en el ranking mundial no es el miedo a la muerte -que está en segundo lugar- sino ¡hablar o leer en público! Tanto da si es una gran aglomeración de gente o una sala pequeñita con un público diligente. Dirigirnos a otros siendo el único foco de atención, nos saca de nuestras casillas. Por eso, cuando eres un invitado muy cercano a la pareja que se va a casar, vives con un miedo inextinguible ante la posibilidad de que te pidan que leas, o peor, ¡que escribas un discurso! Keep Calm, Wedealia sale al rescate.

¡Viva! El texto ya está preparado

Suele ser lo habitual en una ceremonia religiosa en la que se nos pide que participemos leyendo alguna lectura bíblica. En este caso, el estrés es mucho menor porque la elección del texto no está a nuestro cargo y además, nos aseguramos que no serán muy largas en extensión. Ante esta situación, dos consejos fundamentales: busca el pasaje y practica en casa. Si es posible, que te digan exactamente qué ejemplar se va a usar pues existen muchas ediciones y varían en la traducción y el vocabulario. Practica delante de alguien, pues hacerlo sólo ante nosotros mismos no genera ningún estrés. El problema viene cuando hay público.

¡Maldición! Tengo que escribir mi propio discurso.

Lo complicado del asunto está aquí: es mi hermano, mi mejor amiga, mi sobrina…. Y tengo tantas cosas que decirle que no sé qué decir. Tranquil@, tenemos dos posibilidades.

  • Los grandes novelistas, poetas y dramaturgos han pasado a la Historia de la Literatura precisamente por algo: sus maravillosas obras dicen exactamente lo que nosotros queremos decir, pero con corrección y grandeza. Elige alguno de estos textos y hazlo tuyo por unos minutos. Puedes escoger algún autor que te guste especialmente o que le guste a la pareja. También puedes elegir el fragmento de alguna película u obra de teatro, o incluso la letra de una canción que tenga significado para vosotros. Cuanto más personal sea, más darás en el clavo. (*Por cierto, El Principito, Mario Benedetti o Paulo Coelho está ya muy trillados. Pero en cualquier caso, como ya se han convertido en clásicos de las bodas, siempre podrán sacarte de un apuro.)
  • Escribir nuestro propio discurso es la opción más personal y la que va más cargada de sentimiento; y suele ser la que más llega a los novios. Pero hay que tener cuidado: no elijas demasiadas anécdotas y menos aquellas que hagan quedar a los novios en ridículo (borracheras antológicas o mentar a la ex de hace mil años). Además, debemos tener presente que nos va a escuchar gente de muy distinta índole: padres, abuelos, niños pequeños, jefes… que puede que no tengan ni idea de qué estamos hablando. Hagamos que todos sean partícipes y disfruten de nuestro discurso sin pisotear la reputación de nadie.

Para ambas situaciones, dos cositas más. No te enrolles demasiado. Está demostrado que más allá de los 7 minutos, la gente pierde el hilo y la atención. Ya sabes que lo bueno, si es breve, dos veces bueno; así que no rebases los 10 minutos. Y por último, este consejo final es muy bueno para la vida en general, pero para este caso en particular también: RESPIRA. Los signos de puntuación de los textos están para eso: nos dan permiso para respirar, terminar de soltar el aire y coger una nueva bocanada. Y recuerda, no lee mejor quién más rápido lo hace, sino quién lo hace con más calma y tranquilidad. Lee despacio, respetando las pausas del texto y dando la entonación adecuada.

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